¿Qué intervenciones mejoran el confort hospitalario en niños con cáncer?

El Trabajo fin de Grado defendido por Ainhoa Aguas Ramos y dirigido por Amparo Zaragoza, de la Facultad de Enfermería, se puede consultar a texto completo en Dadun.

El cáncer es una de las principales causas de muerte en niños. Según la Organización Mundial de la Salud cada año se diagnostican aproximadamente 400.000 casos nuevos en niños y adolescentes de entre 0 y 19 años. Los tipos más frecuentes entre la población infantil son las leucemias, los tumores cerebrales, los linfomas y los tumores sólidos. El diagnóstico y el tratamiento del cáncer en los niños es probablemente una de las experiencias más estresantes de sus vidas. Se produce un cambio en su estado de salud y, por lo tanto, sus rutinas de vida se ven alteradas. Deben ingresar en un hospital durante un largo periodo de tiempo en el que se someterán a diferentes tratamientos. Para ellos el hospital es un entorno extraño y con el que no están familiarizados. Se encuentran con elementos que les perturban, como los quirófanos, las batas verdes o las agujas y, normalmente, asocian el hospital con procedimientos dolorosos. Por otro lado, el miedo a lo desconocido les genera estrés y ansiedad, se encuentran ante una situación que no terminan de entender y sobre la que no tienen el control. Es importante que, en la medida de lo posible, se intenten aliviar sentimientos como el dolor, el miedo y el desconocimiento, que causan traumas durante la hospitalización.

De entre todas las preocupaciones que experimentan los niños destacan la soledad, el aislamiento, el malestar físico y las respuestas emocionales como la ira y el miedo.

(Foto de kai Stachowiak)

Por otra parte, el hecho de estar ingresados hace que estén perdiendo parte de su infancia porque no pueden ver a sus amigos, ir a la escuela o, simplemente, hacer cosas que otros niños sí que pueden. Se sienten desconectados de la realidad y de sus compañeros ya que ven que no pueden hacer actividades que antes realizaban con normalidad, como practicar deporte, jugar en el parque y socializar. Esto les genera sentimientos de soledad y aislamiento debido a la gran cantidad de horas que pasan atrapados en la cama de un hospital.

A través de diferentes intervenciones no farmacológicas, centradas en el juego y la imaginación, se puede mejorar el bienestar y el estado emocional de los pacientes. Necesitan que les disminuya el sufrimiento, el malestar y la angustia que experimentan en el hospital, es decir, necesitan confort. La Asociación Norteamérica de Diagnósticos Enfermeros (NANDA) define el confort como una sensación de bienestar y comodidad tanto con el entorno, como a nivel físico, social y espiritual. Una alteración en alguno de los niveles supone el disconfort del paciente, que se define como la “percepción de falta de tranquilidad, alivio y trascendencia en las dimensiones física, psicoespiritual, ambiental, cultural y/o social”. Los niños solicitan, en la medida de lo posible, que modifiquen los entornos y se les den alternativas para sobrellevar mejor la hospitalización y el cáncer en sí.

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